Australia, más que ver canguros

El único canguro que vi en Ayers Rock, Australia.

El único canguro que vi en Ayers Rock, Australia.

Por María Antonieta Mejía

SYDNEY, Australia.— Uno de los primeros pensamientos que uno tiene al planear un viaje a Australia es la posibilidad inminente de ver canguros. Pero, ¿qué pensarían si les dijera que después de casi diez días de estar en el exótico país no vi uno solo de los populares marsupiales?

El asunto es que para ver canguros en Australia hay que ir a lugares específicos. Uno de ellos, en Sydney, es el zoológico, pero la verdad para verlos en cautiverio no hay que ir hasta allá: con ir el fin de semana al zoológico de San Francisco es más que suficiente (de paso pueden ver también los koalas que aparecen en todo tipo de souvenirs australianos).

Pero si ustedes son de los que prefieren admirar otras cosas, y pueden vivir con la idea de partir de Sydney sin haber visto canguros, entonces sigan leyendo.

Consigan un amigo

Sydney es una ciudad cara. Con decirles que un aguacate sale casi cuatro dólares australianos (que valen más que el dólar estadounidense). Mi recomendación es que antes de viajar consulten con alguien que viva allá para que los oriente con respecto a precios y lugares que valen la pena para alojarse. Si consiguen un familiar o amigo que viva allá, mejor.

En cuanto al precio del boleto de avión, ahí sí que no hay mucho que hacer, porque no se van a librar de pagar por lo menos unos 900 dólares, si vuelan desde San Francisco en un viaje con escalas. Mi recomendación es que busquen el pasaje con un año de anticipación para conseguir una buena tarifa. Si tienen suerte como yo, capaz que terminan conociendo otra ciudad de manera inesperada. En el vuelo que tomé con Hawaiian Airlines (que, por cierto, me encantó su servicio), el vuelo de salida hacia Honolulu se retrasó por lo que perdí la conexión hacia Sydney y tuve que ‘sacrificarme’ y quedarme un día en Hawaii. Como la culpa fue de la aerolínea ellos pagaron todos mis gastos de ese día. O sea que el bronceado me salió gratis. Al llegar a Sydney hacía frío y llovía, porque era el fin del otoño. Las estaciones allá son opuestas: cuando acá es verano allá es invierno. Pero si les toca viajar en temporada de calor, o sea a fin de año, prepárense para temperaturas propicias para ir a la playa.

Hay que ir un mes

Cada vez que voy de viaje a algún lugar nuevo, pienso que debería de haber tomado más días de vacaciones, porque nunca me da tiempo de ver todo lo que quería. Pero para los diez días que estuve allá creo que vi lugares maravillosos.

Uno de mis sitios preferidos fue Bondi Beach. El color del agua ahí es de un azul zafiro diferente al de otros mares que he visto, es un azul intenso que no se cansa uno de ver. A lo largo de esa playa hermosa hay un sendero en lo alto por el que uno camina rumbo hacia otras playas famosas como Tamarama. La vista es abrumadoramente bella. Elijan un día de sol radiante para visitarla.

La Ópera de Sydney es otro lugar maravilloso que no pueden perderse. No sólo es importante verla por fuera, y deleitarse con su caprichosa estructura arquitectónica, sino que hay que ir a algún evento (aunque no sea de ópera) ya que a lo largo del año se presentan todo tipo de cantantes y espectáculos en el famoso recinto cultural. Cuando yo asistí se celebraba la Semana de la Reconciliación Nacional, en la que se realizan diversas actividades entre finales de mayo y principios de junio a favor de los aborígenes. Justo me tocó ver en esos días al cantante aborigen Gurrumul, quien a pesar de su ceguera se ha convertido en un famoso músico que ha cantado con artistas como Sting.

En esa misma época de finales de mayo y principios de junio se realiza un festival de luces que se llama Viviv Sydney. En esos días en diferentes puntos de la ciudad, como el edificio de la Ópera, se proyectan luces de colores e imágenes artísticas que en ocasiones van acompañadas de música; y gran parte de Sydney se convierte en un gran mural de color y movimiento.

Comida para todos los gustos

Sydney tiene un aire similar al de San Francisco. Es una ciudad muy cosmopolita, con hermosas vistas, edificios fabulosos, barrios bohemios y elegantes. Y por supuesto platillos para todos los gustos. Carne y mariscos deliciosos.

Una recomendación es el mercado de mariscos de Sydney. Es como ir a la Viga en la Ciudad de México, pero al estilo australiano. Ahí pueden ir a comprar provisiones exquisitas, como ostiones en su concha o camarones gigantes, y después llevarlos en hielo para hacer un picnic en el famoso parque de las Montañas Azules, que se encuentra a menos de una hora de la ciudad.

Si tienen suerte, de regreso podrían pasar por alguno de los parques en donde se pueden ver canguros. Pero si no la tienen como yo (porque los canguros ese día no andaban muy sociables con los turistas) ni se preocupen, porque como ya se dieron cuenta Australia es mucho más que ver canguros.

P. D. Una de las ventajas de no haber visto canguros en mi primera visita a Australia es que tengo un buen pretexto para volver.

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