Acerca de María Antonieta Mejía

Soy periodista y soy muy 'pata de perro'. Me encanta viajar desde chiquita. El título del blog hace referencia a un cuadro que compré en un viaje a Cancún. En este blog podrán leer acerca de viajes que ya hice y de muchos otros que haré. Y también del viaje de la vida para el que no se necesita boleto de avión.

Mis ocho atracciones favoritas de Praga

Minientrada

Vista desde el Castillo de Praga. Foto: María A. Mejía

Por María Antonieta Mejía

Para ir a Praga cualquier temporada es buena. La primera vez que fui era verano y andaba con una mochila al hombro. La más reciente fue el otoño pasado. Es una de mis ciudades preferidas y si la visitan hay lugares que no deben perderse.

Para empezar

Desde la ventana del Hotel Praga 1. Foto: María A. Mejía

A diferencia de otras ciudades europeas igualmente hermosas como París, el alojamiento en Praga es más barato. Por ejemplo, si viajan en invierno en temporada baja por ahí del 20 de febrero, una habitación de hotel para dos personas en el Hotel Villa Montparnasse de París les puede costar unos $103 dólares por noche. En contraste en el Hotel Praga 1, de Praga, la habitación doble les podría costar unos $76 dólares en la misma fecha. Ambos hoteles son muy cómodos, limpios y tienen buena ubicación. Además cuando yo me quedé en el Hotel Praga 1 el desayuno estaba incluido y en el hotel de París no.

 

Lo que más me gusta de Praga

 

Turista posando para una foto en el Puente de Carlos. Foto: María A. Mejía

  1. Hay muchos sitios interesantes para conocer en Praga, pero a mí el que más me gusta para empezar el recorrido es el Puente de Carlos o Karluv Most. Es uno de los puentes más famosos y hermosos de Europa. A lo largo del puente uno puede ver diversas estatuas antiguas de santos e incluso sobar a uno de ellos con el propósito de regresar (según cuenta la leyenda popular). También hay artistas pintando, músicos, y un montón de turistas.
  2. El Reloj Astronómico es una belleza. Si pueden suban a la torre y vean la vista de Praga desde lo alto. Pero la verdad, lo más interesante se observa desde abajo. Cada hora ante la mirada fascinada de cientos de turistas (aguas con sus carteras) el reloj ofrece un espectáculo de apóstoles y estatuas mecánicas que vale la pena disfrutar. El reloj tiene más de 600 años de antigüedad.

    Reloj Astronómico de Praga. Foto: María A. Mejía

  3. El Teatro Nacional o Narodni Divadlo. Es el lugar donde se presentan los mejores espectáculos de ópera y de ballet en la capital checa. El edificio en sí es una joya arquitectónica y su enorme tamaño representa la gran importancia que tiene la vida cultural en Praga. Un espectáculo de ópera en un asiento barato les puede costar unas 350 coronas (unos 15 dólares). No dejen de ir.
  4. Rudolfinum. En Praga hay muchos lugares para ir a escuchar música clásica. Incluso dentro de algunas iglesias antiquísimas pueden deleitarse con melodías de autores famosos. Uno de mis sitios preferidos en mi última visita fue este recinto neorenacentista, en el que pude disfrutar de la música de Mozart, Vivaldi, Bach y Dvorak, entre otros.
  5. Castillo de Praga o Prazsky hrad. Como toda ciudad de cuento de hadas, en Praga no podía faltar un castillo. Este es un lugar que debe de estar en su lista de sitios obligados para visitar en la capital checa. Es inmenso y puede resultar abrumador, pero como decía mi papá: “No es manda”. Antes de llegar hagan su investigación y empiecen por lo que más les interese ver. El Castillo de Praga fue construido en el siglo IX y está integrado por un conjunto de palacios y edificios conectados por pintorescas callecitas. Mi sugerencia es que comiencen por la Catedral de San Vito. En el castillo pueden quedarse todo un día o si tienen poco tiempo por lo menos unas cuatro o cinco horas.

    Praga está llena de cafeterías interesantes. Pero por favor se controlan con el azúcar. Foto: María A. Mejía

  6. Un café a la salud de Kafka. El nombre del famoso escritor checo Franz Kafka se puede encontrar en todas partes a lo largo de Praga. Hay un museo de Kafka, una inmensa cabeza plateada de Kafka que se mueve a las afueras de un centro comercial, souvenirs de todo tipo e incluso un café que lleva su nombre, y donde según cuentan nació el escritor. El café no es cosa del otro mundo, pero para tomar un macchiato por 85 coronas (menos de cuatro dólares), no está mal. En café está cerca del barrio judío.

    La capital checa es un paraíso para los amantes de la cerveza. ¡Salud! Foto: María A. Mejía

  7. Cervecerías checas. No es una, son varias, y por eso mejor recomendarles que vayan a todas las que puedan. Una en particular que me encantó fue la cervecería del Monasterio de Strahov. El pretexto fue ir a conocer el monasterio y la hermosa biblioteca antigüa que está en su interior, pero al salir, y con el frío que hacía, no hubo más remedio que probar la cerveza que elaboran ahí. Una delicia total. Y para acompañarla no dejen de pedir el sandwich de cerdo. Mmmm.

    Una de las pinturas de la Epopeya Eslava de Alphonse Mucha. Foto: María A. Mejía

  8. La obra Epopeya Eslava (Slav Epic) del artista Alphonse Mucha. No se pueden ir de Praga sin deleitarse con las enormes pinturas de este artista checo. Mucha es conocido por sus pinturas e ilustraciones de estilo art nouveau y tardó años en terminar su obra maestra de 20 enormes pinturas en las que narra la historia de los checos y los eslavos.

Otros consejitos

La primera vez que viajé a Praga, de mochilera y universitaria, no contaba con mucho presupuesto para comer. En esa ocasión la comida de Praga me pareció bastante mala en general. Pero en mi segunda visita y después de muchos años descubrí que es cuestión de buscar.

No es que Praga sea una de mis ciudades favoritas por su comida, pero se pueden encontrar delicias callejeras y baratas como el goulash, el trdelnik, el vino caliente y el strudel de manzana.

Buen viaje, disfruten de Praga y luego me cuentan cómo les fue.

P.D. Y no se olviden de sobar al santo del Puente de Carlos para que regresen… A mí sí me funcionó.

Hay que sobar al santo correcto para regresar a Praga. Foto: María A. Mejía

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Monsieur Periné: entre lo francés y lo chévere

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Por María Antonieta Mejía

*Publicada el 22 de abril de 2016 en eltecolote.org

Redwood City.- Con total gracia y desenfado, Santiago Prieto -uno de los fundadores del grupo colombiano Monsieur Periné- cuenta vía telefónica el origen del nombre de la banda. Dice que en sus inicios, cuando tocaban en bodas y otros eventos sociales, decidieron que tenía más caché tener un nombre galo que uno colombiano… por aquello del malinchismo latinoamericano.

“Nosotros hacíamos muchos conciertos que eran bautizos, matrimonios y cosas así. Nos contrataba la gente… digamos, pudiente de Bogotá para amenizar sus eventos. Entonces, pues dado que en nuestros países en todo Latinoamérica hay un esnobismo y un malinchismo fuertísimo, nos decidimos poner un nombre francés para conseguir más trabajo”, explica Santiago.

Prieto, cofundador del grupo que combina ritmos como el swing francés de los años 30 y 40 con el bolero y el jazz, asegura sentirse muy entusiasmado por el primer concierto que realizarán en San Francisco el próximo 5 de mayo.

“El de San Francisco es uno de los conciertos que más le tenemos expectativa, pues obviamente todos sabemos de la ciudad, de la gente que la habita, de cómo piensan y cómo viven el arte y la música” afirma el músico, mientras le da instrucciones a un taxista que lo lleva rumbo a una playa colombiana.

El grupo, conocido en el ámbito de la música latina alternativa, logró un Grammy Latino el año pasado en la categoría de Mejor Nuevo Artista. Santiago dice que para ellos ese triunfo fue “súper chévere”.

“Estamos muy agradecidos con esa oportunidad que nos da la vida, sobre todo de poder mostrar la música. De últimas, los Grammys son una herramienta de marketing: puedes llegarle a más gente que la que le llegabas antes y te da una especie de sello de calidad; entonces eso nos ha venido muy bien”, explica el músico, que toca el charango, el violín y la guitarra.

Su acompañante y la influencia francesa

Desde Colombia, Santiago cuenta que en el taxi rumbo a la playa va acompañado de ‘Cata’. Catalina García, la cantante del grupo, en buena medida también es responsable de la influencia francesa que los caracteriza.

Según Prieto, ‘Cata’ estudió en el Liceo Francés de Cali y por eso desde muy pequeña aprendió el idioma y la cultura. Además, dice que tanto él como otros miembros de la banda descubrieron desde muy jóvenes el gusto por la música del guitarrista gitano Django Reinhardt.

Ritmos latinos

La bien lograda fusión de ritmos latinos y europeos de Monsieur Periné han hecho que artistas consolidados como Eduardo Cabra de Calle 13 y Rubén Albarrán de Café Tacvba se interesaran por la música de la banda sudamericana.

Prieto dice que Cabra -‘Visitante’ de Calle 13- empezó a seguirlos a través de redes sociales, y después se puso en contacto con ellos. El artista de la famosa banda puertorriqueña produjo el álbum Caja de Música, con el que Monsieur Periné ganó el Latin Grammy el año pasado.

Por su parte, Rubén Albarrán participa con su voz en la canción Cempasúchil, que hace referencia a la famosa flor que se usa el día de muertos en México.

Para el grupo colombiano ha sido muy valioso todo lo que han aprendido a través de sus giras: dicen que toda esa riqueza cultural tratan de reflejarla en su música.

“El disco de cierta manera es un diario de viajes”, dice Santiago acerca de Caja de Música. Al escucharlo “vas a México, vas a Europa, vas al mar, vas a las montañas”.

Antes de la gira, a descansar a la playa

La gira norteamericana de Monsieur Periné comenzará el 27 de abril en Arizona y llegará a San Francisco el 5 de mayo con una presentación en The Chapel.

Pero antes de arrancar el tour, Santiago nos confirma que van de camino a la playa de Buritaca, en el norte de Colombia, donde descansarán un par de días y cargarán baterías para iniciar el periplo que los traerá por primera vez a la San Francisco.

*Publicada el 22 de abril de 2016 en eltecolote.org

http://eltecolote.org/content/en/arts_culture/colombian-band-blends-cultures-to-great-effect/

Siete días en París, antes del terrorismo

Majestuosa vista de París desde lo alto de la Catedral de Notre Dame. Foto: María A. Mejía

Majestuosa vista de París desde lo alto de la Catedral de Notre Dame. Foto: María A. Mejía

*Esta crónica la empecé a escribir meses antes de los ataques terroristas de noviembre de 2015, y todavía sigo pensando que viajar a París es una gran idea

Por María Antonieta Mejía

París, Francia.- Para quienes ya estuvieron en Europa alguna vez e hicieron uno de esos tours de ‘media hora’ en cada ciudad, ya es hora de relajarse y viajar a gusto.

París hay que gozarla por varios días seguidos, sin la presión de un itinerario.

Por supuesto que si el viaje elegido a Europa es uno que comprende diferentes ciudades e implica una corta estancia en la capital francesa. ¡Ni hablar! Hay que salir corriendo a hacer cola a la Torre Eiffel y subirse en uno de esos autobuses turísticos de dos pisos que lo único que hacen es dejar al viajero con las ganas de quedarse varias horas en cada lugar.

Pero como en este recorrido nos podemos quedar por lo menos siete días en París, hay que tomarlo con calma y pasear día por día, como si viviéramos en la cosmopolita urbe.

Por el Café de Flore han pasado grandes de la literatura como Elena Garro y Jean Paul Sartre. Foto: María A. Mejía

Por el Café de Flore han pasado grandes de la literatura como Elena Garro y Jean Paul Sartre. Foto: María A. Mejía

Día 1. La Torre Eiffel

Aunque tengamos una semana por delante, es recomendable ir el primer día a la famosa torre construida por Gustavo Eiffel para la Exposición Universal de 1889. Hoy en día la imponente estructura es todo un símbolo parisino, pero cuando la construyeron fue severamente criticada e incluso la llamaron en tono burlón el “espárrago de metal”.

Al llegar ahí hay que subir hasta la punta, aunque tengamos la tentación de querer ahorrar y quedarnos más abajo. La vista desde la parte más alta es majestuosa, especialmente si es un día despejado. Pero aunque esté nublado, haga frío o llueva hay que subir a la torre. Es una experiencia única. Una recomendación especial es tomar una copa de champagne (aunque sea compartida porque cuesta 15 euros). Estar ahí merece un brindis.

Día 2. Museo de Orsay

No es tan grande ni tan famoso como el Museo de Louvre, pero es uno de los museos más hermosos del mundo para ver arte impresionista. El mero edificio, donde antiguamente había una estación de tren, es una joya de la arquitectura art nouveau. Fue diseñado por el arquitecto Víctor Laloux.

Además de las centenas de obras de pintores como Vincent van Gogh, Pierre-August Renoir, Paul Cezanne y Claude Monet la antigua estación ferroviaria es tan bella, luminosa y está tan bien mantenida que vale la pena ir nada más a ver el edificio.

Y el alimento no es sólo visual, después de admirar sus numerosas pinturas y esculturas, habrá que hacer una parada obligatoria en el histórico Restaurant Musée d’Orsay, donde el tiempo parece haberse detenido. Si su presupuesto es magro, con un té o un chocolate caliente con canela habrá que conformarse. No se olviden de mirar hacia el magnífico techo.

Día 3. Catedral de Notre Dame

La ponemos en el día tres por ubicarla en algún lugar del itinerario, pero la verdad es que hay que ir a verla varias veces: de día, de noche, de tarde. Es toda una aparición ‘divina’ si acudimos de noche y vamos en el metro a verla. Al salir de la estación caminando nos encontramos súbitamente con el imponente edificio gótico iluminado. En ese momento perdemos el aliento y no nos queda más que quedarnos parados admirándolo por largo rato.

Habrá que volver y verla por dentro para apreciar sus coloridos vitrales que contrastan con lo gris y antiguo de su interior. Pero lo que debe ser obligatorio es subir a ver las gárgolas que se encuentran en lo alto de la catedral. No es fácil subir los 400 escalones, pero vale totalmente la pena. Ver París desde las alturas, con las gárgolas de por medio, es una sensación mágica.

Entrar a la catedral que tardó 200 años en construirse es gratis, pero subir a ver las gárgolas no. Hay que pagar 8.50 euros. Si compran un pase de varios días para visitar los museos pueden usarlo para subir sin pagar.

La popular catedral gótica es el lugar más visitado de París. Cada año unas 14 millones de personas entran a conocerla.

Día 4. Museo de Louvre

Una visita al Museo de Louvre es una experiencia similar a la que uno vive cuando va al Museo Metropolitano (MET) de Nueva York. Los dos son museos enormes que no se alcanzan a ver completos en un solo día, pero son memorables. Antes de llegar elijan las obras más importantes que quieran ver como la Monalisa, el Código de Hammurabi o la Venus de Milo. Después ya con calma déjense llevar por el instinto y caminen sin prisa contemplando colecciones de arte milenarias y fascinantes.

El Louvre es inmenso y un tanto abrumador. Está lleno de turistas que están más preocupados por sacarse una foto con la Monalisa que en ver la famosa pintura de Leonardo Da Vinci. Si compran el pase de varios días para ver diferentes museos se van a ahorrar la cola (a veces bastante larga) por la que entra la mayoría de la gente.

Día 5. Montmartre

La blanquísima e imponente Basílica du Sacré-Coeur (que se encuentra en lo alto de la colina de Montmartre) se puede ver desde varios puntos de París, pero nada se compara con verla de cerca y subir, ya sea caminando o en funicular, para ver su interior.

Luego de visitarla no se pueden ir sin tomar un café o té en la plaza donde se convocan pintores y caricaturistas a hacer los retratos de los turistas incautos que pasan por ahí. Al bajar la colina pueden ir a ver el Moulin Rouge que está por ahí cerca.

Día 6. Versalles

Hay que llegar bien temprano y tratar de no ir en domingo cuando las colas son larguísimas. Hay que elegir bien lo que uno quiere ver porque el lugar es realmente inmenso (no por nada ocurrió la Revolución Francesa). Con sólo ver el Palacio de Versalles uno puede pasar varias horas, si se quiere recorrer despacito. Pero además hay que caminar por los extensos jardines y visitar el Palacio de María Antonieta, que está bastante retirado (aproximadamente media hora caminando).

Es otro de esos lugares como el Museo de Louvre al que hay que acudir sin presión, porque si se quiere ver todo puede resultar abrumador.

Desde París los trenes salen de manera frecuente hacia Versalles y el trayecto es de menos de media hora.

Día 7. La liberté

El techo de la Ópera Garnier pintado por Marc Chagall. Foto: María A. Mejía

El techo de la Ópera Garnier pintado por Marc Chagall. Foto: María A. Mejía

Los planes pueden cambiar día a día en el itinerario, pero es recomendable dejar un día libre de visitas a museos y monumentos. Ese día se puede elegir para caminar a lo largo de los Campos Elíseos o para ver de cerca el Arco del Triunfo (al que se puede subir). O quizá quieran ir de compras a las Galerías Lafayette; aunque no compren nada vayan nada más a ver el majestuoso techo de cristal del edificio.

Ese día en la noche o durante alguna de las noches previas es muy recomendable ir a la Ópera Garnier a ver algún espectáculo. No dejen de mirar hacia arriba antes de que empiece el show, o al terminar, y quédense un buen rato contemplando el sublime techo de colores pintado por Marc Chagall.

Los favoritos de María Antonieta (no la reina)

Tomar algo en el Café de Flore debe ser una parada obligada en París. Foto: María A. Mejía

Tomar algo en el Café de Flore debe ser una parada obligada en París. Foto: María A. Mejía

  1. Café de Flore. Hay que tomarse un café con leche en este histórico lugar, por donde han pasado grandes figuras literarias como Jean Paul Sartre y Elena Garro.
  1. Fondue en Les Fondus de la Raclette. Este restaurante no está en una zona turística, van a tener que desviarse de su ruta, pero vale la pena. Tomen el metro y se bajan en la estación Parmentier y cuando prueben el fondue y la raclette verán que no les miento. Está justo en el número 107 de la Avenue Parmentier.
  1. Les Editeurs. Este lugar es perfecto para tomar una cerveza o cualquier aperitivo. Siéntense en las mesitas de afuera para ver pasar gente y si les da hambre pidan el salmón con sauerkraut y puré de papa.
  1. Latin Quartier. El barrio latino tiene muchas atracciones. Una de ellas es la Sorbona de París, pero además es una zona donde abundan locales de comida árabe. Pidan un kebab con papitas fritas y además de que les saldrá muy barato, quedarán más que satisfechos.
  1. Crepas, croissants, etc. No pueden irse de París sin entrar no a una, sino a varias panaderías y pastelerías. Hay una en la rue Daguerre donde además venden pizza con queso brie. No dejen de probarla. No importa si rompen la dieta, cuando regresen a su casa la vuelven a empezar.
  1. Vino de 3 euros, queso, foie gras y una baguette. En París por supuesto hay vinos y restaurantes muy caros, pero la verdad es que en cualquier esquina uno encuentra bocadillos deliciosos y vinos a precios muy económicos. Si ustedes no son de paladares demasiado exclusivos les recomiendo el vino de tres euros, los quesos, el foie gras y las deliciosas baguettes que encuentran en los diferentes negocios de la calle Daguerre. Si van un sábado en la mañana se van a sentir como todos unos parisinos.

Au revoir.    

*En los ataques terroristas del 13 de noviembre de 2015 murieron 130 personas, 89 de ellas estaban en un concierto en el teatro Bataclan.  

Viajar a París en los meses de frío

Por María Antonieta Mejía

La Rue de la Paix y al fondo la Ópera Garnier. Foto: María A. Mejía

La Rue de la Paix y al fondo la Ópera Garnier.
Foto: María A. Mejía

Para mí, la mejor inversión que puede hacer una persona en todo momento de su vida es viajar.

Comprar joyas, bienes raíces, oro, invertir en la bolsa de valores… todo eso está muy bien para quien le guste acumular fortunas. Yo soy más de atesorar experiencias nuevas, atardeceres memorables, paisajes exóticos.

Mi papá decía que cuando uno se muere, ‘no se lleva nada puesto’. Así que, siguiendo esa máxima, ya estoy planeando mi siguiente viaje.

La Torre Eiffel en un día de lluvia. Foto: María A. Mejía

La Torre Eiffel en un día de lluvia. Foto: María A. Mejía

La última vez que estuve en París llegué a bordo del Concorde, en un vuelo procedente de Nueva York que hizo poco más de tres horas. Nada más. Por supuesto yo no pagué el boleto; me lo invitaron. Ahora que me toca pagar, opté por viajar en clase turista. Un poco más barato. Bueno, de todas formas el Concorde ya no vuela, así que ni modo.

La maravilla de viajar a Europa en los meses de frío, es que es más económico. Casi cuesta la mitad o incluso la tercera parte de lo que sale viajar en verano, la temporada alta.

Es delicioso viajar en los meses de calor; pero si lo que quieren es ahorrar, vayan en invierno.

Cinco consejos básicos

  • Lo primero es comprar un buen libro de viaje sobre París (y leerlo)
  • Elegir los lugares principales que quieren visitar antes de llegar
  • Hacer un itinerario día por día
  • Estar dispuesto a modificar el itinerario cuando se presente algo más interesante
  • Y disfrutar cada día

 

La persistencia astronómica de José M. Hernández

Un hijo de campesinos de origen mexicano llegó hasta el espacio con una ‘sencilla’ receta que le enseñó su padre

José Hernández con su uniforme de astronauta.

Astro José con su uniforme de astronauta. Foto: Cortesía José Hernández/NASA

Por María Antonieta Mejía

STOCKTON, California.— Logró alcanzar de adulto uno de los sueños más descabellados que puede tener un niño a los diez años: ser astronauta. Su decisión no fue tomada a la ligera. La procesó mientras sostenía la antena de conejo de la televisión de su casa para que los demás pudieran ver bien la transmisión en vivo de la misión Apollo 17, en 1972. Cuando pudo soltar la antena, salió a la calle a ver la Luna llena. Después entró y volvió a verla otra vez en la pantalla de la TV. El pequeño José Hernández salió y regresó varias veces, hasta llegar a la conclusión de que quería viajar al espacio cuando fuera grande.

“Me emocionaba mucho porque escuchaba al reportero, Walter Cronkite, que narraba lo que estaba haciendo el astronauta. También se escuchaba al astronauta [Eugene Cernan] hablando con ‘Mission Control’ en Houston”, recordó José Hernández en entrevista.

“Para mí era increíble que pudiera ver la Luna, a un cuarto de millón de millas, y al astronauta caminando [en la superficie lunar] y hablando con ‘Mission Control’ en vivo. Eso me fascinó y dije: ‘Esto es lo que yo quiero hacer'”.

Después de viajar en el transbordador espacial Discovery, de ser candidato al Congreso de Estados Unidos y de escribir un libro sobre su inspiradora vida, Hernández sigue soñando muy alto.

Justo el día de la entrevista en su oficina de Stockton, California, el carismático astronauta hizo notar dos veces -medio en broma, medio en serio- que ese día la senadora del partido Demócrata por California, Bárbara Boxer, había anunciado que no contendería de nuevo por el cargo. Hernández dejaba claro que le interesa seguir intentando incursionar en la política estadounidense.

En su oficina de Stockton. Foto: Raúl Ayrala

Astro José en entrevista en su oficina de Stockton. Foto: Raúl Ayrala/Big Cabeza Productions

De campesino a ingeniero de la NASA  

La historia de Hernández, hijo de inmigrantes mexicanos originarios de La Piedad, Michoacán, es de contrastes. Después de haber trabajado de niño en el campo, al lado de sus padres y sus tres hermanos en la cosecha de frutas y vegetales en California, logró que la NASA lo empleara y lo enviara al espacio. Pero no fue fácil: lo rechazaron once veces antes de contratarlo.

Sentado en su oficina, ubicada en el centro de Stockton, José recordó lo que le dijo su padre campesino el día en que le soltó que quería ser astronauta. Primero, don Salvador lo sentó a hablar “de hombre a hombre” en la cocina de su casa.

“En ese instante, cuando dijo ‘la cocina’, yo me asusté”, confesó Hernández: “la cocina” era el lugar en el que, además de hacer la tarea bajo la supervisión de su mamá, “aplicaban la justicia” cuando los hijos se portaban mal.

José recordó que su padre lo sentó en la misma silla en la que hacía la tarea y le preguntó con toda seriedad: ‘¿Por qué quieres ser astronauta?’. Él le habló de la fascinación que le había provocado la transmisión en vivo de la caminata lunar.

“Mi papá se me quedó viendo y me dijo: ‘Yo creo que sí puedes hacerlo’ (se me pusieron los ojos grandes en ese instante). ‘Es más, te voy a compartir una receta de cinco ingredientes, muy simples. Si los sigues al pie de la letra, yo te prometo que puedes llegar a tu sueño'”, contó José que le dijo su padre.

Cuando trabajaba en el campo de chiquito soñaba con llegar hasta el espacio.

Cuando trabajaba en el campo de chiquito soñaba con llegar hasta el espacio.

Ingredientes para un sueño

  1. Define qué es lo que quieres ser en la vida:

‘¿Qué es lo que quiere ser Pepe cuando sea grande?’, le dijo. Ni tardo, ni perezoso el niño contestó: “astronauta”.

  1. Reconoce qué tan lejos estás de esa meta:

“Yo no lo dije, pero pensé: más lejos no podemos estar. Somos campesinos”.

  1. Tienes que crear una ruta, un mapa:

‘De donde sabes que estás, hasta donde quieras llegar. Ese mapa va a servir como guía, durante toda tu vida, para que llegues a tu meta’, le dijo don Salvador.

  1. Estudio:

‘No hay substituto para un buen estudio y preparación’, dijo al futuro astronauta su padre, que nada más estudió hasta tercer grado de primaria.

  1. Esfuerzo:

‘El esfuerzo que le pones tú allá en el campo los sábados y domingos y siete días a la semana en el verano, en la cosecha del pepino, jitomate, cebolla, durazno, cereza, uva, ese mismo esfuerzo lo pones aquí en tus libros y más adelante en tu trabajo. Siempre, siempre, siempre entrega más de lo que la gente espera de ti’, remató el padre.

‘Mezclas todo eso hijo, y esa es la receta para triunfar en la vida’, recordó José Hernández que le dijo su papá.

“Yo me fui a dormir bien a gusto esa noche porque me dije: ‘¡Guau! Mis papás piensan que puedo ser astronauta, así que lo voy a hacer’ “, aseguró el también aspirante a político.

Persistencia astronómica

El ingreso de Hernández a la NASA no fue sencillo. Después de uno de los once rechazos pensó en “tirar la toalla”. Pero su esposa Adela le dijo que si no intentaba de nuevo se iba a quedar con la duda toda la vida.

—¿Cómo le hizo para no frustrarse cada vez que lo rechazaban y seguía intentando?

—Yo creo que lo que pasó en mí es que realmente quería ser astronauta, y por eso no me daba por vencido. Segundo, lo mejor que pude hacer cuando empecé a analizar por qué no me seleccionaba la NASA fue (después de como cinco años de recibir cartas de rechazo) hacerme una pregunta muy básica, muy simple, sobre los astronautas que elegían: ‘¿Qué tienen ellos que yo no tengo?’.

Para no quedarse atrás, José hizo un curso de piloto; luego uno de buceo, e incluso aprendió ruso, características que tenían los candidatos exitosos. Pasaron años y después de más rechazos volvió a cuestionarse: “¿Qué es lo peor que puede pasar si no me selecciona la NASA?”.

“Que no me seleccionen [eso sería lo peor]. Pero… ¡fregados! Tengo una carrera tremenda, soy piloto y buzo. Es un buen premio de consolación”. Además, lo mejor era que “disfrutaba todo lo que estaba aprendiendo”.

Tras despertar del sueño

A pesar de todas las satisfacciones que le dio, Hernández confesó que el trabajo en la NASA lo limitaba. Después de llegar al espacio a bordo del Discovery lo empezaron a invitar de todas partes, especialmente de México, para que diera pláticas de motivación y contara su conmovedora historia. La agencia espacial no lo dejaba viajar con tanta frecuencia, ni concretar otros proyectos personales.

Cuando les planteó que quería escribir un libro para inspirar a las nuevas generaciones, la NASA le dijo que no podía porque sería para “lucrar”. Insistió sugiriendo donar todo lo que ganara, pero tampoco lo dejaron.

Así que, cuando llegó el momento de decidir cuál sería su siguiente paso, Hernández optó por dejar la agencia espacial.

En 2011 y a petición del presidente Barack Obama, Hernández se lanzó como candidato al Congreso de Estados Unidos, pero perdió. Contendió por el Distrito 10 de California; el Republicano Jeff Denham, su oponente, le ganó.

Actualmente, Hernández tiene una empresa llamada “Tierra Luna”, el mismo nombre del restaurante de comida mexicana que tuvo cuando vivió en Texas. Gracias a sus estudios de ingeniería y a la experiencia como astronauta, brinda asesoría técnica a gobiernos como el de México en temas como la compra y mantenimiento de satélites de comunicación.

“La compañía, nomás tiene un año y medio. Nos está yendo súper bien”, dijo Hernández sentado en su sala de juntas. En el lugar, resalta al entrar una fotografía del astronauta con el ex presidente de México Felipe Calderón.

—¿Los gobiernos pagan mucho [por estos servicios]?

—Sí, es un trabajo muy especializado. No cualquiera lo hace, y sí, es bastante caro.

—¿Como cuánto cuesta uno de esos satélites?

—Cuesta como 300 millones de dólares. Y luego se le agregan otros 100 millones para lanzarlo. Entonces, son como 400 millones por cada satélite.

A pesar de haber perdido la contienda política que lo hubiera llevado a ocupar un lugar en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Hernández dice sentirse afortunado de poder dedicarse a su compañía de ingeniería hoy por hoy. Económicamente le conviene más, y le permite darle a sus hijos “la educación que ellos quieran”.

La película de Astro José

Durante su viaje en el transbordador, José Hernández se volvió muy popular por tuitear en español desde el espacio, utilizando el nombre de @Astro_Jose. El ingeniero de 52 años ofrece charlas como motivador en los diversos eventos a los que lo invitan. Hace unos meses, inauguraron una escuela que lleva su nombre en la ciudad de San José, California.

También escribió el libro “El cosechador de estrellas”. ¿Qué sueño le falta por cumplir a Astro José? Tener su propia película. Y tal parece que ése también se le va a cumplir.

Según José, la película la va a hacer Sergio Arau, quien se hizo famoso por la cinta “Un día sin mexicanos”, una inteligente parodia sobre lo que podría ocurrir en Estados Unidos si los mexicanos dejaran de trabajar. Hernández cree que la cinta podría empezar a filmarse este mismo verano. También compartió que su hija quiere ser actriz, y que si el director lo acepta, a ella le gustaría salir en la película.

Bromeando, dice que si Salma Hayek o Eva Longoria interpretan a su esposa, él se ofrece a hacer de sí mismo.

Cuando le ‘cayó el veinte’

Un día en Stockton, después de trabajar una larga jornada en la cosecha del pepino, sentado en la parte de atrás del carro de su papá y con los pantalones de mezclilla tiesos de lodo y rasposos, el niño José Hernández pensó: “Tiene que haber una vida mejor que ésta”.

Su padre lo miró a él y a sus hermanos cansados, por medio del espejo retrovisor. Al voltear a verlos, les dijo que recordaran ese momento “porque ése podía ser su futuro si no estudiaban”.

Don Salvador les aclaró que no los iba a obligar a estudiar, ni a tener buenas calificaciones; pero que si tenían dudas acerca de cómo podría ser su futuro sin el estudio, ahí estaban viviendo en el campo lo que podía ser su vida adulta.

“En ese momento me encantó la escuela”, dijo José.

José para presidente

La vida de José Moreno Hernández da muestras de que no es un hombre que se rinde fácil ante las adversidades. Perdió como candidato al Congreso, pero al parecer sigue teniendo en la mira la política.

En su oficina de Stockton -ciudad muy castigada por la crisis económica estadounidense, que se declaró en bancarrota en 2012, donde lo más emocionante es conocer al astronauta de origen mexicano- también hay una foto de José con el presidente Obama.

—Oiga, ¿no le gustaría ser el primer presidente latino de Estados Unidos?

Suelta la carcajada y se pone serio.

—Nunca hay que decir que no.

Datos adicionales:

-Nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California (cerca de Stockton).

-Sus padres, Julia Moreno y Salvador Hernández, son originarios de Michoacán.

-Estudió ingeniería eléctrica en la Universidad del Pacífico.

-Estudió una maestría en ingeniería eléctrica y en computación en la Universidad de California en Santa Barbara.

-Aprendió inglés hasta los 12 años

*Publicada en ElTecolote.org

Cuatro cafés con personalidad en San Francisco

Un latte de Four Barrel. Difícil de superar. Foto: María A. Mejía

Un latte de Four Barrel. Difícil de superar. Foto: María A. Mejía

Por María Antonieta Mejía
SAN FRANCISCO.— Hay de cafés a cafés. Los hay de esos sencillos sin ninguna pretensión, en donde se vende el café y ya está. No dan ganas de quedarse más que el tiempo que uno tarda en pedirlo y pagar. Esos cafés son para las emergencias, para cuando uno anda de prisa. Pero si el objetivo es pasar un rato agradable en una atmósfera especial, leyendo, escribiendo, platicando o simplemente filosofando, acá les van cuatro opciones de cafés con personalidad en el barrio latino de San Francisco, la Mission.Los cafés aquí mencionados fueron elegidos de manera arbitraria, porque no son lugares de los que uno quiere salir corriendo después de surtirse de su cafeína diaria; al contrario, dan ganas de quedarse por varias horas y tomarse más de un café; eso sí, en una taza de verdad.

Four Barrel

Si lo tuyo es la onda ‘hipster’, no busques más: el café Four Barrel, ubicado en el 375 de la calle Valencia, es además de un lugar excelente para tomar café, un sitio interesante para observar gente. Chicas y chicos que parecen modelos salidos de una revista alternativa se dejan ver todos los días en este lugar, al que acuden con el pretexto de comprar su café. Los jóvenes que sirven las bebidas —y los ricos panecillos— también son dignos de admirar. Para que se den una idea, hace tiempo lanzaron una línea de tazas con las caras de algunos de los baristas. El café de Four Barrel es delicioso y fuerte, en especial el latte. Advertencia: es más caro que otros cafés de la zona. Los croissants de distintas variedades también tienen lo suyo.

Panadería La Victoria

Ya sé, van a decir que la panadería La Victoria no es un café. Y en realidad no lo es, pero además del delicioso pan dulce que venden, por supuesto venden café y también chocolate caliente. Es un lugar al que uno no va precisamente por el café, sino por el pan. Pero ya que está ahí se quiere quedar y como pretexto pide un cafecito. O sea, vayan y no se van a arrepentir. La Victoria es una panadería antigua con sillas altas y gente que lo hace sentir a uno como en casa. Se encuentra nada menos que en la calle 24, en el número 2937, en el corazón de la Misión. Por su local han pasado unas cuantas celebridades, entre ellas la mismísima Lila Downs, cuando me concedió una entrevista.

Phil’z Coffee

Es posible que ustedes hayan visto más de una sucursal de Phil’z Coffee, e incluso que se hayan encontrado el café de Phil’z en algún evento importante como en el festival musical Outside Lands. Pero la sucursal de la que hablaremos aquí es la original, que se encuentra en el barrio de la Misión, en la esquina de las calles 24 y Folsom. Ahí el olor a café es el rey. No importa si no se lo sirven a uno en taza de verdad. El café de Phil’z es fuerte: yo les recomiendo un Tesora con leche, o un Mocha Tesora si les gusta el chocolate. Indescriptible. Y no crean que cuando vayan a Phil’z el café lo va a hacer una máquina, no, no, no. En Phil’z el café se hace con un método de filtración, uno por uno, así que más natural ni en casa.
Café de Phil'z con hojas de menta. Foto: María A. Mejía

Café de Phil’z con hojas de menta. Foto: María A. Mejía

Tartine Bakery

Este es otro lugar que no es nada más un café. Acá los pasteles y el pan son más que reyes, emperadores. Pero también los sandwiches doraditos, sobre todo el de jamón y queso, son muy solicitados. El pretexto, de nuevo, es el café con leche, que si se toma ahí viene servido en unas tazas enormes. Aunque en realidad lo que cautiva de Tartine es la combinación entre su atmósfera cosmopolita, su café con leche, sus postres y el pan. La única desventaja es que es un tanto caro, pero para el día de pago, es buen lugar para visitar. Está ubicado en la calle Guerrero, pero más cerca del parque Dolores, en el número 600.