Siete días en París, antes del terrorismo

Majestuosa vista de París desde lo alto de la Catedral de Notre Dame. Foto: María A. Mejía

Majestuosa vista de París desde lo alto de la Catedral de Notre Dame. Foto: María A. Mejía

*Esta crónica la empecé a escribir meses antes de los ataques terroristas de noviembre de 2015, y todavía sigo pensando que viajar a París es una gran idea

Por María Antonieta Mejía

París, Francia.- Para quienes ya estuvieron en Europa alguna vez e hicieron uno de esos tours de ‘media hora’ en cada ciudad, ya es hora de relajarse y viajar a gusto.

París hay que gozarla por varios días seguidos, sin la presión de un itinerario.

Por supuesto que si el viaje elegido a Europa es uno que comprende diferentes ciudades e implica una corta estancia en la capital francesa. ¡Ni hablar! Hay que salir corriendo a hacer cola a la Torre Eiffel y subirse en uno de esos autobuses turísticos de dos pisos que lo único que hacen es dejar al viajero con las ganas de quedarse varias horas en cada lugar.

Pero como en este recorrido nos podemos quedar por lo menos siete días en París, hay que tomarlo con calma y pasear día por día, como si viviéramos en la cosmopolita urbe.

Por el Café de Flore han pasado grandes de la literatura como Elena Garro y Jean Paul Sartre. Foto: María A. Mejía

Por el Café de Flore han pasado grandes de la literatura como Elena Garro y Jean Paul Sartre. Foto: María A. Mejía

Día 1. La Torre Eiffel

Aunque tengamos una semana por delante, es recomendable ir el primer día a la famosa torre construida por Gustavo Eiffel para la Exposición Universal de 1889. Hoy en día la imponente estructura es todo un símbolo parisino, pero cuando la construyeron fue severamente criticada e incluso la llamaron en tono burlón el “espárrago de metal”.

Al llegar ahí hay que subir hasta la punta, aunque tengamos la tentación de querer ahorrar y quedarnos más abajo. La vista desde la parte más alta es majestuosa, especialmente si es un día despejado. Pero aunque esté nublado, haga frío o llueva hay que subir a la torre. Es una experiencia única. Una recomendación especial es tomar una copa de champagne (aunque sea compartida porque cuesta 15 euros). Estar ahí merece un brindis.

Día 2. Museo de Orsay

No es tan grande ni tan famoso como el Museo de Louvre, pero es uno de los museos más hermosos del mundo para ver arte impresionista. El mero edificio, donde antiguamente había una estación de tren, es una joya de la arquitectura art nouveau. Fue diseñado por el arquitecto Víctor Laloux.

Además de las centenas de obras de pintores como Vincent van Gogh, Pierre-August Renoir, Paul Cezanne y Claude Monet la antigua estación ferroviaria es tan bella, luminosa y está tan bien mantenida que vale la pena ir nada más a ver el edificio.

Y el alimento no es sólo visual, después de admirar sus numerosas pinturas y esculturas, habrá que hacer una parada obligatoria en el histórico Restaurant Musée d’Orsay, donde el tiempo parece haberse detenido. Si su presupuesto es magro, con un té o un chocolate caliente con canela habrá que conformarse. No se olviden de mirar hacia el magnífico techo.

Día 3. Catedral de Notre Dame

La ponemos en el día tres por ubicarla en algún lugar del itinerario, pero la verdad es que hay que ir a verla varias veces: de día, de noche, de tarde. Es toda una aparición ‘divina’ si acudimos de noche y vamos en el metro a verla. Al salir de la estación caminando nos encontramos súbitamente con el imponente edificio gótico iluminado. En ese momento perdemos el aliento y no nos queda más que quedarnos parados admirándolo por largo rato.

Habrá que volver y verla por dentro para apreciar sus coloridos vitrales que contrastan con lo gris y antiguo de su interior. Pero lo que debe ser obligatorio es subir a ver las gárgolas que se encuentran en lo alto de la catedral. No es fácil subir los 400 escalones, pero vale totalmente la pena. Ver París desde las alturas, con las gárgolas de por medio, es una sensación mágica.

Entrar a la catedral que tardó 200 años en construirse es gratis, pero subir a ver las gárgolas no. Hay que pagar 8.50 euros. Si compran un pase de varios días para visitar los museos pueden usarlo para subir sin pagar.

La popular catedral gótica es el lugar más visitado de París. Cada año unas 14 millones de personas entran a conocerla.

Día 4. Museo de Louvre

Una visita al Museo de Louvre es una experiencia similar a la que uno vive cuando va al Museo Metropolitano (MET) de Nueva York. Los dos son museos enormes que no se alcanzan a ver completos en un solo día, pero son memorables. Antes de llegar elijan las obras más importantes que quieran ver como la Monalisa, el Código de Hammurabi o la Venus de Milo. Después ya con calma déjense llevar por el instinto y caminen sin prisa contemplando colecciones de arte milenarias y fascinantes.

El Louvre es inmenso y un tanto abrumador. Está lleno de turistas que están más preocupados por sacarse una foto con la Monalisa que en ver la famosa pintura de Leonardo Da Vinci. Si compran el pase de varios días para ver diferentes museos se van a ahorrar la cola (a veces bastante larga) por la que entra la mayoría de la gente.

Día 5. Montmartre

La blanquísima e imponente Basílica du Sacré-Coeur (que se encuentra en lo alto de la colina de Montmartre) se puede ver desde varios puntos de París, pero nada se compara con verla de cerca y subir, ya sea caminando o en funicular, para ver su interior.

Luego de visitarla no se pueden ir sin tomar un café o té en la plaza donde se convocan pintores y caricaturistas a hacer los retratos de los turistas incautos que pasan por ahí. Al bajar la colina pueden ir a ver el Moulin Rouge que está por ahí cerca.

Día 6. Versalles

Hay que llegar bien temprano y tratar de no ir en domingo cuando las colas son larguísimas. Hay que elegir bien lo que uno quiere ver porque el lugar es realmente inmenso (no por nada ocurrió la Revolución Francesa). Con sólo ver el Palacio de Versalles uno puede pasar varias horas, si se quiere recorrer despacito. Pero además hay que caminar por los extensos jardines y visitar el Palacio de María Antonieta, que está bastante retirado (aproximadamente media hora caminando).

Es otro de esos lugares como el Museo de Louvre al que hay que acudir sin presión, porque si se quiere ver todo puede resultar abrumador.

Desde París los trenes salen de manera frecuente hacia Versalles y el trayecto es de menos de media hora.

Día 7. La liberté

El techo de la Ópera Garnier pintado por Marc Chagall. Foto: María A. Mejía

El techo de la Ópera Garnier pintado por Marc Chagall. Foto: María A. Mejía

Los planes pueden cambiar día a día en el itinerario, pero es recomendable dejar un día libre de visitas a museos y monumentos. Ese día se puede elegir para caminar a lo largo de los Campos Elíseos o para ver de cerca el Arco del Triunfo (al que se puede subir). O quizá quieran ir de compras a las Galerías Lafayette; aunque no compren nada vayan nada más a ver el majestuoso techo de cristal del edificio.

Ese día en la noche o durante alguna de las noches previas es muy recomendable ir a la Ópera Garnier a ver algún espectáculo. No dejen de mirar hacia arriba antes de que empiece el show, o al terminar, y quédense un buen rato contemplando el sublime techo de colores pintado por Marc Chagall.

Los favoritos de María Antonieta (no la reina)

Tomar algo en el Café de Flore debe ser una parada obligada en París. Foto: María A. Mejía

Tomar algo en el Café de Flore debe ser una parada obligada en París. Foto: María A. Mejía

  1. Café de Flore. Hay que tomarse un café con leche en este histórico lugar, por donde han pasado grandes figuras literarias como Jean Paul Sartre y Elena Garro.
  1. Fondue en Les Fondus de la Raclette. Este restaurante no está en una zona turística, van a tener que desviarse de su ruta, pero vale la pena. Tomen el metro y se bajan en la estación Parmentier y cuando prueben el fondue y la raclette verán que no les miento. Está justo en el número 107 de la Avenue Parmentier.
  1. Les Editeurs. Este lugar es perfecto para tomar una cerveza o cualquier aperitivo. Siéntense en las mesitas de afuera para ver pasar gente y si les da hambre pidan el salmón con sauerkraut y puré de papa.
  1. Latin Quartier. El barrio latino tiene muchas atracciones. Una de ellas es la Sorbona de París, pero además es una zona donde abundan locales de comida árabe. Pidan un kebab con papitas fritas y además de que les saldrá muy barato, quedarán más que satisfechos.
  1. Crepas, croissants, etc. No pueden irse de París sin entrar no a una, sino a varias panaderías y pastelerías. Hay una en la rue Daguerre donde además venden pizza con queso brie. No dejen de probarla. No importa si rompen la dieta, cuando regresen a su casa la vuelven a empezar.
  1. Vino de 3 euros, queso, foie gras y una baguette. En París por supuesto hay vinos y restaurantes muy caros, pero la verdad es que en cualquier esquina uno encuentra bocadillos deliciosos y vinos a precios muy económicos. Si ustedes no son de paladares demasiado exclusivos les recomiendo el vino de tres euros, los quesos, el foie gras y las deliciosas baguettes que encuentran en los diferentes negocios de la calle Daguerre. Si van un sábado en la mañana se van a sentir como todos unos parisinos.

Au revoir.    

*En los ataques terroristas del 13 de noviembre de 2015 murieron 130 personas, 89 de ellas estaban en un concierto en el teatro Bataclan.  

Anuncios

Viajar a París en los meses de frío

Por María Antonieta Mejía

La Rue de la Paix y al fondo la Ópera Garnier. Foto: María A. Mejía

La Rue de la Paix y al fondo la Ópera Garnier.
Foto: María A. Mejía

Para mí, la mejor inversión que puede hacer una persona en todo momento de su vida es viajar.

Comprar joyas, bienes raíces, oro, invertir en la bolsa de valores… todo eso está muy bien para quien le guste acumular fortunas. Yo soy más de atesorar experiencias nuevas, atardeceres memorables, paisajes exóticos.

Mi papá decía que cuando uno se muere, ‘no se lleva nada puesto’. Así que, siguiendo esa máxima, ya estoy planeando mi siguiente viaje.

La Torre Eiffel en un día de lluvia. Foto: María A. Mejía

La Torre Eiffel en un día de lluvia. Foto: María A. Mejía

La última vez que estuve en París llegué a bordo del Concorde, en un vuelo procedente de Nueva York que hizo poco más de tres horas. Nada más. Por supuesto yo no pagué el boleto; me lo invitaron. Ahora que me toca pagar, opté por viajar en clase turista. Un poco más barato. Bueno, de todas formas el Concorde ya no vuela, así que ni modo.

La maravilla de viajar a Europa en los meses de frío, es que es más económico. Casi cuesta la mitad o incluso la tercera parte de lo que sale viajar en verano, la temporada alta.

Es delicioso viajar en los meses de calor; pero si lo que quieren es ahorrar, vayan en invierno.

Cinco consejos básicos

  • Lo primero es comprar un buen libro de viaje sobre París (y leerlo)
  • Elegir los lugares principales que quieren visitar antes de llegar
  • Hacer un itinerario día por día
  • Estar dispuesto a modificar el itinerario cuando se presente algo más interesante
  • Y disfrutar cada día