El último viaje de 2014

El hermoso mar de Ensenada.  Foto: María A. Mejía

El hermoso mar de Ensenada, Baja California.
Foto: María A. Mejía

Por María Antonieta Mejía

Parece que este será el último viaje de 2014, pero uno nunca sabe… Vamos en tren hacia Los Ángeles, después rumbo a San Diego, y pasaremos la navidad en Ensenada. Traigo puestos mis tenis grises de caminar largo. Nada ‘fancy’. Cómodos y más resistentes al agua que los negros caladitos.

Este año ha sido toda una aventura. A pesar de ser freelance y no tener un trabajo fijo, me siento feliz y plena. Como dicen los memes de la Rana René: Hay días en que me gustaría tener un trabajo fijo, pero después me acuerdo de cuando trabajaba de tiempo completo y se me pasa…

Muchos viajes este año: Argentina, México, el Gran Cañón, San Antonio y Nueva York. Espero que vengan muchos más en 2015.

Mientras escribo veo el mar, en toda su inmensidad. Está por caer el sol. Un chico guapo lee el periódico frente a mí. ¿Qué más se puede pedir?

Llegaremos a Union Station esta noche…

El viaje desde San José, California, hasta Los Ángeles, es de varias horas. Empieza en la mañana y termina en la noche; pero la verdad, se pasa rápido. Cuando uno se da cuenta, ya llegó.

Hay muchas cosas para hacer en el tren: leer, platicar con gente desconocida a la hora de la comida, mirar el paisaje, pensar, escribir, tomar mate. Y si uno es de los suertudos que viaja en un cuarto con cama, también puede ir al cine que está en el tren.

La llegada

El hotel Metro Plaza que está cerca de Union Station es muy práctico. No es muy caro (cuesta poco más de $100 dólares la noche), ni muy bonito, pero tiene una ubicación muy cómoda para quien viaja en tren. Está limpio y te regalan café las 24 horas del día. Si llegas tarde, puedes ir a cenar a alguno de los restaurantes chinos que están cerca; pero ni se te ocurra ir al Mayflower, porque a pesar de tener buen ambiente y ser barato, ninguno de sus platillos es digno de recordar. Ni siquiera el arroz está bueno. Lo único que se salva son las galletas de la suerte y el té.

A una cuadra del hotel, la mejor opción es ir al histórico restaurante Philippe, que desde hace más de 100 años sirve sandwiches remojados al estilo ‘French dip’ (sería la versión ‘gringa’ de una torta ahogada, o algo así). El de carne está muy rico porque lo sirven calientito.

Un día en Los Ángeles    

Los Ángeles me recuerda mucho a la Ciudad de México: es uno de esos lugares en los que tienes muchísimas opciones para ir a conocer. Si vas de trabajo o nada más por puro gusto, aprovecha tu día libre y lánzate -por ejemplo- a los estudios Paramount.

No es una atracción para niños, ni tampoco para adultos que se aburran fácil. La visita dura dos horas, y es medio lenta, pero interesante para quien le guste ver sets de cine donde se filmaron películas famosas. Hoy en día, allí se filman algunos programas de televisión como CSI Los Ángeles.

Si no quieres gastar mucho para ir a comer por ahí cerca, lánzate a Pink’s y cómete un hot dog. No te vas a arrepentir. Son enormes y deliciosos. Mi favorito es el chili cheese dog (no son aptos para la dieta). Y no se te olvide pedir unos onion rings para acompañar tu hot dog.

Un solo día en Los Ángeles es muy poco, pero si tienes tiempo, puedes ir a pasear en la noche por Hollywood y ver las estrellas de montones de artistas en el Paseo de la Fama. A lo largo de Hollywood Boulevard te vas a encontrar el hotel Roosevelt, uno de esos lugares como salidos de las películas precisamente de Hollywood. No te pierdas el tour por la alberca. En verano está llena de jóvenes que parecen estrellas de cine, con cuerpos atléticos y caras de artistas. Antes de entrar al hotel, si tienes hambre, puedes hacer una escala técnica en el restaurante 25 Degrees (integrado al Roosevelt) y comerte una hamburguesa en la barra. Las papitas también son deliciosas.

El hotel es caro: cuesta poco más de $300 dólares la noche. Pero por conocerlo no se paga, así que lánzate a disfrutarlo.

Salida a San Diego

El viaje en tren desde la estación Union Station de Los Ángeles hacia San Diego es de lo más cómodo. Puedes salir una tarde a las 3:00, y a eso de las 5:30 pm ya llegaste a la estación del centro de San Diego, conocida popularmente como Santa Fe Depot. No tienes que pasar seguridad, ni preocuparte por llevar una botella de agua al abordar. Viajar en tren es más sencillo que subirte a un avión. Y si no tienes demasiada prisa, te puedes dar el lujo de ver caer el sol desde la ventana de tu vagón.

Además la estación de Los Ángeles es divina. Aunque no tomes el tren tienes que conocerla.

Vámonos a México

Para entrar a México por tierra no te piden ni el pasaporte.  Foto: María A. Mejía

Para entrar a México por tierra no te piden ni el pasaporte.
Foto: María A. Mejía

Para quien vive en Estados Unidos, San Diego puede ser una ciudad bonita y pintoresca, pero muy parecida a otras que ya conoces. Si lo que quieres es cambiar de aires y dejar de ver McDonald’s en cada esquina, mejor vete a México.

Cuando cruzas la frontera desde México a Estados Unidos por carretera puedes pasar horas esperando tu turno, pero para entrar a México por tierra no te piden ni pasaporte.

La carretera de Tijuana a Ensenada es una de las más hermosas del mundo. Prácticamente durante todo el trayecto de poco más de una hora vas viendo el mar. Y en serio, no te cansas de verlo. Recientemente reabrieron un tramo de la carretera de cuota que estaba cerrado.

Una de las paradas obligadas para los amantes del buen comer es Puerto Nuevo, en donde el menú es una perfecta fusión de sabores: langosta con mantequilla, enormes tortillas de harina, arroz, frijoles y salsita picante si quieres. Después de eso puedes morir tranquilo.

I left my heart in Ensenada…

Al llegar a Ensenada sigue el tour gastronómico: tostadas de ceviche en carritos callejeros (mi favorito es el del Güero, que está cerca de la calle Ruiz, frente a la Comisión Federal de Electricidad); también los tacos de pescado de Don Zefe, o los del Mercado Negro (frente al mercado de mariscos); y los cocteles frescos de camarón, pulpo y almeja en algún puesto callejero del centro. Pide que le agreguen aguacate. Antes de vivir en Ensenada durante la década de los ochenta a mí no me gustaban mucho los mariscos; pero ahora, gracias a mi paso por ahí, soy fan de las tostadas de ceviche y los tacos de pescado.

Un taco de pescado y uno de camarón de Don Zefe. Una delicia. Foto: María A. Mejía

Un taco de pescado y uno de camarón de Don Zefe. Una delicia.
Foto: María A. Mejía

Pero no todo es comida. También hay cultura, vino y atractivos naturales.

Una visita al CEARTE (Centro de las Artes de Ensenada) te puede hacer pasar una tarde o mañana muy agradable. Las exposiciones de pintura se renuevan de cuando en cuando. Si tienes suerte puedes ver cuadros como Frida en Ensenada.

También puedes ir a visitar algunos viñedos en el Valle de Guadalupe. La Casa de Doña Lupe es uno muy pintoresco, y otro más grande es el de Cetto.

Si tienes tiempo también puedes ir a la Bufadora y contemplar los caprichos que produce el mar al chocar con una caverna rocosa.

La visita a Ensenada no estaría completa si no te lanzas una noche al Hussong’s, una famosa cantina que tiene más de cien años de existir. Después de tomar una cervecita o un tequila con limón y sal, y si todavía tienes pila, te puedes dar una vuelta por el Papas&Beer, un lugar que desde hace años es el centro de diversión de la juventud local y de los muchos estadounidenses que viajan a México para experimentar lo que en su país no se atreven.

El Papas cambió de su local original a uno más grande que está justo frente al antiguo en la esquina de la Avenida Ruiz y la Calle Primera. Lo que no ha cambiado nada es el ambiente animado y agradable del lugar.

Fin de fiesta, por ahora…

El 2014 terminó como empezó: con un gran viaje. Mi primer paseo de 2014 fue al Gran Cañón, un lugar que visité por primera vez. En mi opinión, es uno de los parques naturales más hermosos de Estados Unidos. Si lo combinas con un viaje a Las Vegas en coche, seguro que te sale muy barato.

El Gran Cañón es uno de los parques naturales más espectaculares de Estados Unidos.  Foto: María A. Mejía

El Gran Cañón es uno de los parques naturales más espectaculares de Estados Unidos.
Foto: María A. Mejía

El año casi terminó en México, con una visita a mi adorada Baja California. Parece que cuando viví ahí hace muchos años, se me quedó un pedacito de corazón entre sus rebeldes y agitadas olas. Así que cada tanto tengo que volver para recuperarlo.

El último, último viaje de este año será a San Francisco, ahí recibiré el 2015 con mi compañero de viaje preferido.

San Francisco es una de mis ciudades favoritas del mundo. Es todo un privilegio poder despedir este grandioso año lleno de viajes, en una grandiosa ciudad.

Ya estoy lista para empezar la bitácora de viajes y de aventuras para 2015…

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El milagro de Lila Downs

LilaPor María Antonieta Mejía

El nuevo CD de Lila Downs se llama Pecados y Milagros: los pecados son los que no permiten que México avance. El milagro es su hijo Benito.Siempre es un placer entrevistar a Lila para escuchar la lucidez de sus ideas y entender mejor el espíritu aguerrido y noble de sus composiciones musicales. Esta vez la conversación es telefónica, ella está en Oaxaca, nosotros en San Francisco, pero la cercanía que permite nos hace sentirla menos lejos.

Ahora sí quiere conversar más sobre el tema de la maternidad, se le agradece la apertura. En una entrevista previa con El Mensajero, realizada en 2009 en la panadería La Victoria del barrio latino de la Misión reconoció lo que dolía no poder ser madre, pero ahora pudo hablar de su milagro: su hijo Benito Dxuladi, a quien llama “mi bendición” en su nuevo CD.

“Ese es mi milagro, pues no pensé que me fuera a renovar de tan inmediata manera este bebé. Diario aprendemos cosas nuevas con él y nos divertimos mucho. Es una fuente de luz y de amor para mi familia”, dice Lila mientras se escucha levemente la vocecita del pequeño al otro lado de la línea telefónica.

No cuesta mucho trabajo imaginar que el nombre de su hijo está inspirado en Benito Juárez, el presidente mexicano de origen zapoteco. “Sí, en Benito porque es oaxaqueño, pero también en el santo, porque San Benito es un santo milagroso”, afirma la cantante de raíces oaxaqueñas y estadounidenses.

El pequeño Benito es adoptado, lo cual no fue una decisión fácil, ni rápida para Lila e incluso la dificultad de ser madre la llevó por caminos tormentosos.

“Fíjate que yo había perdido la fe, de ahí sale ese disco que se llama La Cantina [de 2006]. Me tiré un poco al vicio porque estaba muy triste de no poder concebir, y en todo esto pasaron como cinco años. Mi mamá trababa de convencerme de que yo debía adoptar, pero me costó mucho tiempo decidirlo, porque es una decisión grande”, explica Downs.

“Ahora me doy cuenta, fíjate, que uno tiene mucho prejuicio acerca de la adopción, porque uno cree: hay pues no es mi sangre, no va a ser mío de verdad, no es de nuestra raza. Miles de cosas que tenemos, y la sociedad también. Entonces ahora he descubierto muchas cosas con la adopción”, continúa.

En su nuevo CD que salió al mercado el 31 de enero Lila Downs afirma en la dedicatoria que su pequeño hijo Benito le “devolvió la fe en la vida”. En la entrevista con El Mensajero Downs dice que no hay que mirar la adopción como algo negativo porque a ella le ha llenado la vida de alegría.

Religión y revolución

Su nueva producción, explica Downs, está inspirada en los ex votos mexicanos, también llamados retablos o láminas, que son ilustraciones realizadas en láminas de hojalata que se ofrendan a los santos para agradecer un milagro concedido.”Los ex votos modernos a mí me parecen muy fascinantes porque es como un diálogo con Dios y con los santos. En estos tiempos en que vamos pasando una etapa muy difícil en México […] cuando el pueblo ya está desesperado, como que tenemos más diálogos con Dios”, afirma la cantante.

Cada uno de los temas de su nuevo CD viene acompañado por un retablo o ex voto inspirado en alguna de sus canciones. Estas quince pinturas realizadas por artistas mexicanos además de ilustrar el disco serán exhibidas en el Museo Nacional de Arte de México (MUNAL) hasta el 6 de marzo.

Una de las canciones interpretadas por Lila junto con Totó la Momposina y Celso Piña viene acompañada por un retablo que trae entre sus elementos gráficos la imagen de Emiliano Zapata, la muerte y un campesino, entre otras cosas. A él se refiere Lila para hablar más sobre la difícil situación que atraviesa México.

“Hay un tema que compuse que se llama Zapata se queda, que está dedicado al Caudillo, porque creo que todos nos identificamos de alguna manera con el revolucionario, como mexicanos. Por una parte queremos una sociedad más justa, más moderna, en la que se respeten nuestros derechos, en la que los políticos respeten nuestra dignidad; pero al mismo tiempo tenemos muchos problemas culturales que traemos, como la mentira, pecaditos que a veces los consideramos insignificantes, pero que todo eso aporta a que no haya una mejoría en nuestra sociedad”, explica.

Otro de los retablos que destacan en el CD, por la metralleta que aparece en primer plano, es el que ilustra a la canción La reyna del inframundo, la cual pareciera hacer referencia a alguna narcotraficante famosa como La reina del Pacífico, sin embargo dice Lila, sin mencionar ningún nombre, que está dedicada a una persona muerta.

“Es un tema un poco en la tradición de la canción chusca que es crítica. En los cuarentas y cincuentas se acostumbraba componer temas que criticaban alguna situación social del momento, y yo creo que a eso se refiere la canción. Es alguien que ya murió porque estaba involucrada en el crimen organizado y finalmente ella está cantando desde la muerte”, explica Downs.

La canción cuenta la historia de una mujer delincuente cuya alma se encuentra penando en el purgatorio a varios metros bajo tierra y desde allá le dice a su amor que ya no podrá “mirar su linda cara”, “ni con todo el dinero de este mundo”.

El nuevo CD y la gira

La nueva producción incluye canciones compuestas por Lila Downs y Paul Cohen, su esposo y productor musical, así como piezas clásicas de la música mexicana como Cucurrucucú paloma de Tomás Mendez, Fallaste corazón de Cuco Sánchez o Vámonos de José Alfredo Jiménez.Además incluye Tu cárcel de Marco Antonio Solís, la canción Solamente un día, al ritmo de bachata y el tema Pecadora, que canta con los argentinos Illya Kuryaki and the Valderramas.

La gira Pecados y Milagros arranca a mediados de febrero y pasará por Nueva York el 18, Watsonville el 22, San Francisco el 23, Los Ángeles el 25 y Chicago el 3 de marzo, entre otras ciudades. El concierto de San Francisco se realizará en el Herbst Theatre ubicado en 401 Van Ness Avenue, y es presentado por el California Institute of Integral Studies (CIIS). Para más información consulta Ciis.edu.

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Navidad en Disney

Además de las atracciones típicas, encontrarás mucho para celebrar durante las fiestas en los parques de Disney

 

Pooh frente al arbolito de navidad.  Foto: María A. Mejía

Pooh frente al arbolito de navidad.
Foto: María A. Mejía

 

Por María Antonieta Mejía

ANAHEIM.— Desde los últimos días de noviembre y durante todo diciembre, los parques de diversiones Disneylandia y Disney California Adventure, en el sur de California, se llenan de espíritu navideño. A las atracciones típicas se suman decenas de arbolitos de Navidad divinamente adornados, personajes de Disney con gorritos de Santa Claus, e incluso se realizan desfiles totalmente dedicados a celebrar las fiestas decembrinas, con todo y renos.

Desde la semana del Día de Acción de Gracias, en la que muchas familias toman vacaciones, al igual que durante finales de diciembre, chicos y grandes acuden a los parques a disfrutar de los juegos y las atracciones.

La casa de los sustos más encantadora

Una de las paradas obligadas en Disneylandia en esta temporada es The Haunted Mansion (La Mansión Embrujada), donde un adorable Jack Skellington —protagonista de la película The Nightmare Before Christmas, de Tim Burton— hará muy divertido y diferente el trayecto por la mansión llena de fantasmas.

Jack, disfrazado de Sandy Claws (una especie de Santa Claus, pero con colmillos y mucho más flaquito) se pasea entre la enorme casa de los sustos, en la que se combinan los temas de Halloween y Navidad.Uno de los elementos que más destacan en la Mansión, además de Jack y de los simpáticos fantasmas (que en lugar de asustar encantan) es la enorme casa de galletas de jengibre que adorna el salón de baile de la mansión embrujada. Hay que estar atento porque hasta el aroma del jengibre se huele cuando el carrito de uno pasa por allí.

Navidad latina

Este año, en Disney California Adventure —el parque que está al lado de Disneylandia— se ofrece desde mediados de noviembre hasta el 6 de enero una atracción especial denominada: Disney ¡Viva la Navidad!

Está ubicada en el área de Paradise Garden, e incluye música latina en vivo, lecciones de baile, artesanías y puestos de comida donde se venden platillos típicos de México, como pozole, mole, champurrado y tamales. Del 3 al 6 de enero también habrá rosca de reyes, para celebrar el día en que llegan los Magos de Oriente.

Más allá de la Navidad

Si bien durante la temporada de fiestas verás arbolitos de Navidad y gorritos de Santa hasta en la sopa, los juegos y atracciones de siempre seguirán ahí.

Si vas a Disney California Adventure, no te olvides de visitar el área de Cars Land, que recrea escenas de la película Cars, de Disney-Pixar.Sin duda, el juego de Radiator Springs Racers te hará pensar que estás en una pista de carreras compitiendo a toda velocidad con tu familia. No hay que perdérselo.Una recomendación: si quieres entrar sin perder tanto tiempo en la cola (a veces puedes esperar más de una hora y media) fórmate unos veinte minutos antes que cierre el parque. La espera a esa hora es de unos treinta minutos o menos. Otra sugerencia es que apenas entres a California Adventure, vayas directamente al juego y retires tu Fastpass, para volver luego a la hora señalada y acceder a la atracción casi enseguida.

Disfruta sin pagar

La entrada a los parques de Disney no es barata, pero si quieres ver gratis los deslumbrantes fuegos artificiales que se ofrecen cada noche, acércate hasta la puerta de Disneyland unos veinte minutos antes de que empiecen, elige un lugar cómodo y obsérvalos desde afuera.

Mucha gente se congrega en el espacio que existe entre los dos parques, al que es fácil llegar desde la avenida Harborside o desde el Downtown Disney.Y otra cosa: si acudes en temporada de frío no te olvides de llevar uno o varios abrigos.

¿Y dónde dejo a mi perro?

Como bien te puedes imaginar, los perros no pueden entrar a los parques de Disney; pero si decides viajar con Rufus y no sabes dónde dejarlo, no te preocupes: los señores de Disney han pensado en todo, con tal que pases el día entero ahí dentro.

Los parques cuentan con servicio de guardería para perros, a un precio de $20 por todo el día. Tienes que llevar constancia de vacunación contra la rabia, el moquillo (rabies y distemper, en inglés) y la hepatitis, y te van a pedir que cada tres o cinco horas regreses a la guardería para pasear a tu amiguito de cuatro patas. Lo único importante es ¡que no se te olvide recogerlo antes de irte a tu casa!

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El día en que conocieron Disneylandia

Tres pequeñas argentinas cumplieron su sueño de conocer el famoso parque, pero no todo fue como lo imaginaban

Por María Antonieta Mejía

Walt Disney Studios. Foto: María A. Mejía

Walt Disney Studios. Foto: María A. Mejía

SAN FRANCISCO.— Para quien vive en el norte de California no es cosa del otro mundo ir en auto a Disneylandia. Pero para tres hermanitas argentinas llegar después de miles de millas en avión y más millas en carretera al famoso parque fue una experiencia realmente inolvidable. Antes que comenzara la primavera, Julia, Eugenia e Isabel viajaron con sus papás desde Argentina hasta California para conocer, entre otras cosas, la casita de Mickey Mouse.

Al llegar a Estados Unidos, Julia, la más chiquita, de cuatro años, no hacía más que hablar del día en que “iba a conocer a Mickey”. No obstante, en el momento en que tuvo frente a frente al famoso ratón, ya no estuvo tan segura de querer tomarse la esperada foto.

Ella y sus hermanas posaron con el ratón Miguelito. Pero después de esa foto, Juli no quiso retratarse con otros personajes de Disney. Ni las princesas, ni el pato Donald lograron convencerla de posar con ellos. Con la sinceridad propia de una niña de cuatro años le hizo saber a su mamá la razón de su negativa: ella esperaba un Mickey “de verdad”.

Isabel, Julia y Eugenia viajaron desde Argentina para conocer a Mickey Mouse.  Foto: María A. Mejía

Isabel, Julia y Eugenia viajaron desde Argentina para conocer a Mickey Mouse.
Foto: María A. Mejía

Para Eugenia, de ocho años, la experiencia de conocer Disneylandia fue única: comentó que el parque era “mucho más grande” de lo que se había imaginado.

“Estuvo re-lindo, la pasamos hermoso”, opinó Euge. No obstante y sin perder la sonrisa, resaltó algunas de las cosas que no le convencieron: “algunos juegos estuvieron medio, medio… y en otros tuvimos que esperar mucho tiempo, la cola era bastante larga”, afirmó.

“El final, los fuegos artificiales, fue la parte que más me gustó. Cuando salió Campanita volando, estuvo hermoso. A mí, la verdad que me fascinó”, comentó Eugenia. Ella y su familia viven en Roldán, una ciudad cercana a Rosario.

El parque de al lado

A pesar que la experiencia en Disneyland fue maravillosa para Eugenia, después de un serio análisis sugirió que le había gustado más el parque de al lado: Disney California Adventure.

“El juego de Cars, el más nuevo, estuvo re-lindo”, afirmó, refiriéndose a Radiator Springs Racers, una de las atracciones más populares del remozado parque, donde uno se sube a un autito como los de la película y va a gran velocidad. Sin embargo, a la chiquita no le gustó nada el aburrido tiempo de espera. “Nosotros hicimos una cola más corta, pero mi mamá hizo una hora y media. Imaginate”, remató con el típico acento de la provincia argentina de Santa Fe.

La mayor parte de la fama internacional le pertenece sin duda a Disneylandia, con sus legendarias atracciones como Los Piratas del Caribe, Un mundo pequeño, o el tren que va rodeando el parque, y a bordo del cual se puede ver incluso dinosaurios “electrónicos” o el Gran Cañón del Colorado en miniatura. Pero es Disney California Adventure, construido sobre el antiguo estacionamiento de Disneyland y renovado en 2012, el que parece atraer más a las nuevas generaciones por sus juegos novedosos. Por ejemplo, los que se encuentran en Cars Land, la tierra que reproduce en cuatro dimensiones a los personajes y lugares de las películas Cars y Cars 2. Allí conviven el Rayo McQueen (Lighting McQueen) con su inseparable Tom Mate (Tow Mater, en inglés), el restaurant-gasolinería de Flo y la vulcanizadora de Luigi y Guido.

A Isabel, la mayor de las hermanas, le gustó más este parque “porque tenía mejores juegos”. Pero admite que Disneyland también la impresionó mucho.

“Era más lindo y más grande de lo que esperaba. Lo que más me deslumbró fue el castillo”, agregó, con la inocencia de sus diez años.

Si bien las atracciones más nuevas resultaron muy populares para las tres hermanas, hay que decir que algunos de los juegos más viejitos también les gustaron mucho.

A Eugenia le encantó el juego de las sillitas voladoras de Dumbo; y a Isabel, el Tiki Room, donde unos pajarracos animados cantan y entretienen a los presentes con algunas bromas tan viejas como ellos. Aunque renovada un par de veces, la atracción es de las originales. Estaba entre las preferidas del mismísimo Walt Disney, y él mismo la estrenó en 1955 al abrir Disneylandia.

“Esto no es real”

Con sólo cuatro cumpleaños a cuestas, Julia, la más pequeña, parecía confundir la fantasía y la realidad en varios momentos de su visita. En el Jungle Cruise, o Crucero de la Jungla —donde se ven elefantes, cocodrilos y leones durante un paseo en lancha— la pequeña preguntó si los animales eran de verdad.

“No, no son de verdad”, le respondió una de sus acompañantes, para su tranquilidad. Luego de pensar durante unos minutos —y tal vez recordando la experiencia definitoria con el ratón Mickey— Julia resumió su impresión general sobre el parque de diversiones: “La verdad, acá en Disney, hay un montón de cosas de mentira”.

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Entrevista con Isabel Allende

Isabel Allende firmando libros en su librería favorita Book Passage de Corte Madera. Foto: María A. Mejía

La escritora Isabel Allende firmando una de sus obras en su librería favorita Book Passage de Corte Madera, California. Foto: María Antonieta Mejía

Por María Antonieta Mejía

Publicada en la Revista R del periódico Reforma

San Francisco, Estados Unidos (24 agosto 2014).- Isabel Allende afirma que no es muy amistosa, ni muy sociable, pero en una presentación donde habló de su más reciente libro, dejó en claro que su descripción de sí misma puede ser producto de su vasta imaginación.

La escritora firmó libros, conversó con algunos de sus fans e incluso invitó a sentarse a su lado a una de sus admiradoras cuando le preguntó si podía sacarse una foto con ella.

Estaba en su librería favorita, Book Passage, de Corte Madera, California. La escritora chilena estadounidense, quien ha vendido más de 60 millones de libros, no dejó de hacer reír a los asistentes con sus anécdotas, una que otra mala palabra, y su agudo sentido del humor.

Semanas antes de su presentación, Allende concedió una entrevista telefónica para hablar de su primera novela de misterio: El juego de Ripper (Plaza & Janés, 2014).

La autora vive en el condado de Marin, cerca de San Francisco, desde que se casó con su esposo, Willie, en 1988. Dice que ésta, su primera novela de misterio, no la escribió específicamente para jóvenes, aunque algunos de sus personajes apelen a ellos. La obra cuenta con las características propias del género: sangre y varios muertos, pero tiene la particularidad de que la detective más eficaz de la historia, Amanda, es una adolescente sin uniforme de policía.

Isabel posa junto a algunos de sus libros y muestra su bolsa muy combinada. Foto María Antonieta Mejía

Isabel Allende posa junto a algunos de sus libros y muestra su elegante bolsa azul que combina con su atuendo. Foto María Antonieta Mejía


-¿Para escribir El juego de Ripper te inspiraste en tus nietos como en el libro anterior, El cuaderno de Maya (2011)?

-Cuando escribí este libro no se me había ocurrido quién iba a ser mi detective, pero me tocó ver a mi nieta Andrea jugando sola en la cocina con la computadora. Le pregunté qué estaba jugando, y me dijo: “Un juego que se llama Ripper”. Y me cuenta que estaba jugando con otros compañeros del college (la universidad) a larga distancia por internet. Un juego en el cual cada uno de ellos toma una personalidad, y en el que se trata de atrapar a Jack El Destripador, en 1888, en Londres.

El juego de Ripper ocurre en la época actual y tiene referencias al San Francisco de hoy, con todo y su neblina. Cuenta la historia de Indiana Jackson, madre de Amanda Martín; habla de sus amores y de una serie de crímenes que se van entrelazando, y que al final provocan un desenlace digno de una película de acción. A lo largo del libro, Allende utiliza lugares reales, como la calle Columbus del barrio italiano de North Beach, lo que hace sentir más cercanos a los personajes.

Éste no es el primer libro en el que la escritora elige San Francisco para contar una historia. Hija de la Fortuna (1998) también transcurre en esa ciudad, pero durante la época de la fiebre del oro.

Isabel Allende Llona ha escrito una veintena de libros, algunos traducidos a 35 idiomas. Nació el 2 de agosto de 1942. Su padre era primo del derrocado presidente chileno Salvador Allende. Comparte nombre y primer apellido con la senadora chilena (hija de Salvador Allende) Isabel Allende Bussi.

Desde hace décadas, reside en el norte de California; pero el hecho de que varias de sus obras hablen de Chile hace pensar que no se ha curado de la nostalgia de vivir lejos.

-¿No extrañas vivir en América Latina?

-Yo voy a América Latina todo el tiempo. Tengo un pie aquí y otro allá, porque mis padres están vivos, viven en Santiago. Uno tiene 93, mi madre, y mi padrastro 98. No echo de menos por eso, porque puedo ir cuando quiera. A mí me es mucho más fácil escribir sobre Chile porque lo siento como adentro.

-¿Por qué elegiste otra vez San Francisco para tu novela?

-Creo que la historia de Ripper calzaba muy bien en San Francisco, porque es una ciudad clásica para la novela negra. Todo en ella es como mágico: tiene una geografía tan especial, tiene la neblina que yo creo que siempre ayuda. Y el hecho de que haya tanta diversidad.

Su agente literaria le sugirió escribir su libro más reciente junto con su marido Willie, pero de plano no pudo. Foto María Antonieta Mejía

Su agente literaria le sugirió escribir su libro más reciente junto con su marido Willie, pero de plano no pudo. Foto María Antonieta Mejía

Escribir a cuatro manos


Con Ripper la autora intentó seguir el consejo de su agente literaria, Carmen Balcells, y escribir un libro a cuatro manos junto con su marido, el también escritor y abogado William C. Gordon, pero al poco tiempo abandonaron la idea.

-¿Por qué no pudiste escribir el libro con tu esposo?

-Somos muy diferentes como personas Willie y yo, y muy diferentes como escritores. Él escribe novelas policiales, tiene mucha más práctica que yo en ese género; pero Willie escribe en inglés, yo escribo en español. Yo puedo pasar diez, catorce horas sentada en la máquina escribiendo, y te escribo las cosas a fondo, con mucho detalle. Willie tiene una capacidad de atención de once minutos, se distrae y hace otra cosa. Y, además, no investiga, porque todas sus novelas son situadas en San Francisco en los años sesenta, un lugar y una época que él conoce muy bien. Me di cuenta de que me iba a tocar el trabajo más pesado, que él se iba a llevar la mitad del mérito y que íbamos a terminar peleando como perros. Dije: “a mí esto no me conviene”.

-Después de haber vivido tantos años en Estados Unidos, ¿no se te olvida a veces el español?

-Claro que se me olvida. Tengo permanentemente abierto el Google translate (traductor de Google) porque hay veces que me acuerdo de la palabra en inglés y no me acuerdo de la palabra en español. Y así y todo, cometo errores. Me sale mucho más fácil, si es ficción, en español, aunque tenga problemas con el lenguaje. El flujo de la imaginación se me da en español, no en inglés. En inglés puedo escribir un discurso, o escribir una cosa que no sea ficción, un artículo para un periódico. Pero la ficción es como el sueño; es tan orgánica, sale más del vientre que de la cabeza.

-Publicaste tu primer best sellerLa casa de los espíritus, en 1982. ¿Nunca pensaste en dejar de escribir?

-Sí. He pasado por un par de momentos malos. Por ejemplo, después que murió mi hija no pude escribir. Escribí primero una memoria que se llama Paula (1994), y luego pasé por un estado de parálisis. Por la rabia, no pude escribir ni una palabra. Y entonces empecé a pensar: “¿qué voy a hacer el resto de mi vida?, ¿cómo voy a ganarme la vida?”. Ese fue un periodo malo. Y, recientemente, hará un par de años, antes de escribir Ripper, estaba pensando que ya era tiempo de retirarme para jubilarme, que ya tenía edad suficiente para descansar. Además, habían sucedido varias cosas malas en la familia. Mucha tragedia. Me sentía muy cansada. Fue cuando mi agente me dijo: “¿cómo se te ocurre que te vas a jubilar?”.

Su agente literaria, Carmen Balcells, ha trabajado para otros famosos escritores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Pablo Neruda.

Una mala periodista


Antes de lanzarse al mundo de la literatura, Allende fue periodista, pero ella misma admite que era mala. Incluso, cuenta una anécdota: una vez se reunió con Pablo Neruda, a quien pensó que iba a entrevistar y, cuando le pidió que comenzaran, el escritor chileno le dijo que no se dejaría entrevistar por ella “porque inventaba mucho” y le recomendó que mejor se dedicara a la literatura.

-¿Qué papel crees que jugó el periodismo en el inicio de tu carrera como escritora?

-Me dio cosas fundamentales. Me enseñó a escribir. Me enseñó a decir las cosas de una manera eficaz, utilizando el lenguaje para provocar un sentimiento o una emoción en el lector; a atrapar su atención en las primeras líneas. También creo que es muy importante trabajar a presión, saber que tú tienes un momento en que tienes que entregar tu trabajo. No puedes quedarte ahí, como hace mi marido, y tomarte todo el tiempo que quieras. Y, además, hay que tener en cuenta que siempre hay un interlocutor. A los escritores que no han pasado por el periodismo, por ejemplo, mi marido, les sucede que se olvidan que hay una persona al otro lado a quien tú le estás contando la historia. Yo siempre estoy pensando que hay una persona sentada en una silla en la cocina conmigo, y yo le estoy contando, a presión, la historia. No escribo para mí, ni para mis amigos: escribo para mis lectores.

De hecho, la entrevista telefónica con Isabel, quien no quiso hacerla en persona, transcurre de cocina a cocina.

Desahogo


-Cuando escribiste La Casa de los Espíritus, ¿soñaste con volverte tan famosa?

Yo era refugiada política en Venezuela. Había dejado mi país, mi familia, todo lo que tenía en Chile. No tenía posibilidad de volver a Chile. Estábamos en plena dictadura. Yo lo que quería era ganarme la vida de cualquier manera. Entonces trabajaba en una escuela doce horas diarias, un turno de mañana, otro de tarde. Llegaba a mi casa de noche, cansada, con la cabeza llena de ideas y de cosas que quería contar; cosas que me habían pasado, cosas que recordaba de mi vida anterior en Chile, de mi familia, en fin. Y no había ninguna válvula de escape para todo esto que había dentro. Y cuando me senté a escribir una carta para mi abuelo, lo que después se convirtió en La casa de los espíritus, lo único que quería era desahogarme.

En la mayoría de los libros de Allende, las mujeres juegan un papel trascendental: son heroínas, mujeres valientes, fuertes. En la vida real, para la escritora es muy importante que las mujeres logren alcanzar su independencia económica y ejercer libertades básicas, como la reproductiva.

-¿Por qué es tan importante para ti que las niñas tengan acceso a la educación?

-Mira al mundo. ¿Cuáles son los países más atrasados? Aquellos en los que las mujeres están sometidas, no tienen educación, ni acceso a la planeación familiar. Si las mujeres tienen educación y libertad, cambia la situación, ya no pueden controlarlas. Seguimos viviendo en un patriarcado, pero en la medida en que le damos poder a la mujer vamos a cambiar las cosas.

Allende tiene una fundación que ayuda a las mujeres: su página web es IsabelAllendeFoundation.org. y, a través de ella, ayuda económicamente a más de cien organizaciones que tienen que ver con educación, salud y protección de las mujeres.

Una distinción especial


Según su sitio de internet, la autora ha recibido 50 premios y ha sido distinguida con catorce doctorados internacionales.

-¿Qué significó para ti el doctorado honorario en Letras que te otorgó en mayo la Universidad de Harvard?

-Fue especial. Cuando me lo ofrecieron estaba mi mamá visitándome aquí, y yo ya le había dicho a mi asistente: “Cualquier cosa que me ofrezcan, premios, doctorados, diles que no. Ni siquiera me los muestres. Ya no quiero viajar a ninguna parte a recibir nada. Ya basta”. Pero llegó Juliette, que era en aquella época mi secretaria, y me dice: “Oye, éste es de Harvard, ¿cómo les vamos a decir que no?”. Entonces, mi mamá, mis hijos, todo el mundo, dijeron: “de todos los que tienes, éste es el más importante”. Ya está, lo aceptamos.

El pasado 29 de mayo, la escritora fue honrada en Harvard junto con otras personalidades, como George Bush padre y Aretha Franklin. Fue una distinción de una de las universidades más prestigiadas del país en el que eligió vivir.

-¿Qué es lo que más aprecias de vivir en Estados Unidos?

-La libertad de pensamiento y el espacio. El que nadie me observa y que a nadie le importa lo que yo hago. Cuando voy a Chile me siento observada. Me siento en un ambiente pequeño. Acá soy un individuo, tengo acceso a toda la información que quiera, tengo espacio y privacidad. Que no la tendría en Chile.

Allende vive en Sausalito, cerca de Corte Madera, donde se encuentra una de sus librerías preferidas: Book Passage. En la enorme librería conocen bien a la escritora, porque acude con frecuencia. Incluso cuenta con una dirección de correo en el local, donde recibe correspondencia.

En la conferencia de escritores de misterio que organizó Book Passage entre el 24 y 27 de julio pasados, Allende alternó con su esposo, Willie. y Valerie Plame, una ex agente de la CIA que ahora también escribe libros.

Rituales


Allende escribe desde 1974, pero ahora que es una de las escritoras de habla hispana con más ventas, lo hace de una manera más relajada.

-¿Qué tanto han cambiado tus rituales de escritura?

-Antes tenía una disciplina prusiana para todo, entre otras cosas, para escribir. Me levantaba a las seis de la mañana, sacaba a pasear a los perros, me tomaba una taza de café y a las ocho y media ya estaba sentada en la máquina de escribir o en la computadora. Ahora me doy más tiempo, y no me pongo esos horarios tan pesados, ni tan fijos. Siempre escribo en la mañana. Soy mucho mejor en la mañana y tengo más energía. Empiezo temprano siempre, pero ya no trabajo catorce horas. Ahora pido ayuda para la investigación. Antes lo hacía todo yo sola.

Dice que ha comenzado a escribir todos sus libros un 8 de enero.

-¿Por qué ese día? -le pregunta una de las asistentes a la librería Book Passage.

-Porque hay que empezar un día responde la escritora. Confiesa que a veces no está inspirada en esa fecha y que hay ocasiones en que tira a la basura todo lo que escribe.

Dice a los presentes en la librería, adornada con fotos suyas posando con Barack Obama y otras celebridades, que para ella “escribir es como entrenar para algún deporte”. Provoca una carcajada.

En Paula, Allende confiesa que escribir su primer libro le salvó la vida. Después de todo, quizá no sólo escribe para sus lectores, aunque los millones que han leído sus obras le agradecen que haya pospuesto el retiro.

 

Australia, más que ver canguros

El único canguro que vi en Ayers Rock, Australia.

El único canguro que vi en Ayers Rock, Australia.

Por María Antonieta Mejía

SYDNEY, Australia.— Uno de los primeros pensamientos que uno tiene al planear un viaje a Australia es la posibilidad inminente de ver canguros. Pero, ¿qué pensarían si les dijera que después de casi diez días de estar en el exótico país no vi uno solo de los populares marsupiales?

El asunto es que para ver canguros en Australia hay que ir a lugares específicos. Uno de ellos, en Sydney, es el zoológico, pero la verdad para verlos en cautiverio no hay que ir hasta allá: con ir el fin de semana al zoológico de San Francisco es más que suficiente (de paso pueden ver también los koalas que aparecen en todo tipo de souvenirs australianos).

Pero si ustedes son de los que prefieren admirar otras cosas, y pueden vivir con la idea de partir de Sydney sin haber visto canguros, entonces sigan leyendo.

Consigan un amigo

Sydney es una ciudad cara. Con decirles que un aguacate sale casi cuatro dólares australianos (que valen más que el dólar estadounidense). Mi recomendación es que antes de viajar consulten con alguien que viva allá para que los oriente con respecto a precios y lugares que valen la pena para alojarse. Si consiguen un familiar o amigo que viva allá, mejor.

En cuanto al precio del boleto de avión, ahí sí que no hay mucho que hacer, porque no se van a librar de pagar por lo menos unos 900 dólares, si vuelan desde San Francisco en un viaje con escalas. Mi recomendación es que busquen el pasaje con un año de anticipación para conseguir una buena tarifa. Si tienen suerte como yo, capaz que terminan conociendo otra ciudad de manera inesperada. En el vuelo que tomé con Hawaiian Airlines (que, por cierto, me encantó su servicio), el vuelo de salida hacia Honolulu se retrasó por lo que perdí la conexión hacia Sydney y tuve que ‘sacrificarme’ y quedarme un día en Hawaii. Como la culpa fue de la aerolínea ellos pagaron todos mis gastos de ese día. O sea que el bronceado me salió gratis. Al llegar a Sydney hacía frío y llovía, porque era el fin del otoño. Las estaciones allá son opuestas: cuando acá es verano allá es invierno. Pero si les toca viajar en temporada de calor, o sea a fin de año, prepárense para temperaturas propicias para ir a la playa.

Hay que ir un mes

Cada vez que voy de viaje a algún lugar nuevo, pienso que debería de haber tomado más días de vacaciones, porque nunca me da tiempo de ver todo lo que quería. Pero para los diez días que estuve allá creo que vi lugares maravillosos.

Uno de mis sitios preferidos fue Bondi Beach. El color del agua ahí es de un azul zafiro diferente al de otros mares que he visto, es un azul intenso que no se cansa uno de ver. A lo largo de esa playa hermosa hay un sendero en lo alto por el que uno camina rumbo hacia otras playas famosas como Tamarama. La vista es abrumadoramente bella. Elijan un día de sol radiante para visitarla.

La Ópera de Sydney es otro lugar maravilloso que no pueden perderse. No sólo es importante verla por fuera, y deleitarse con su caprichosa estructura arquitectónica, sino que hay que ir a algún evento (aunque no sea de ópera) ya que a lo largo del año se presentan todo tipo de cantantes y espectáculos en el famoso recinto cultural. Cuando yo asistí se celebraba la Semana de la Reconciliación Nacional, en la que se realizan diversas actividades entre finales de mayo y principios de junio a favor de los aborígenes. Justo me tocó ver en esos días al cantante aborigen Gurrumul, quien a pesar de su ceguera se ha convertido en un famoso músico que ha cantado con artistas como Sting.

En esa misma época de finales de mayo y principios de junio se realiza un festival de luces que se llama Viviv Sydney. En esos días en diferentes puntos de la ciudad, como el edificio de la Ópera, se proyectan luces de colores e imágenes artísticas que en ocasiones van acompañadas de música; y gran parte de Sydney se convierte en un gran mural de color y movimiento.

Comida para todos los gustos

Sydney tiene un aire similar al de San Francisco. Es una ciudad muy cosmopolita, con hermosas vistas, edificios fabulosos, barrios bohemios y elegantes. Y por supuesto platillos para todos los gustos. Carne y mariscos deliciosos.

Una recomendación es el mercado de mariscos de Sydney. Es como ir a la Viga en la Ciudad de México, pero al estilo australiano. Ahí pueden ir a comprar provisiones exquisitas, como ostiones en su concha o camarones gigantes, y después llevarlos en hielo para hacer un picnic en el famoso parque de las Montañas Azules, que se encuentra a menos de una hora de la ciudad.

Si tienen suerte, de regreso podrían pasar por alguno de los parques en donde se pueden ver canguros. Pero si no la tienen como yo (porque los canguros ese día no andaban muy sociables con los turistas) ni se preocupen, porque como ya se dieron cuenta Australia es mucho más que ver canguros.

P. D. Una de las ventajas de no haber visto canguros en mi primera visita a Australia es que tengo un buen pretexto para volver.